jueves, 22 de octubre de 2015




Revolucionarios u oportunistas pelechadores
Después de las elecciones internas de mi Partido, el PRD, tengo la obligada misión de dejar sentada mi   opinión. Es lo correcto, después de eventos importantes como los comicios internos y las elecciones  nacionales. No cabe duda de que, por el total de votantes y el orden demostrado, debemos hacerle un  reconocimiento a los miembros de número del Partido, quienes fueron a las urnas para reiterar su fe y  confianza en los principios originales que forjaron las bases  para el surgimiento de nuestro colectivo; y,  a la vez, mandarles un mensaje a nuestros dirigentes, que no se engañen, que son ellos quienes en 
realidad son los motores del Partido. 
Pese a que el proceso preelectoral se convirtió en una gran exposición de "banners y carteles, de gente  con la cara retocada, que aspiraban granjearse la simpatía de los electores con lemas simplones y vacuos,  que a ellos les parecían geniales, y le daban colorido y animación a la fiesta, los  resultados, en muchos  circuitos y corregimientos, eran bastante fáciles de predecir, tomando en cuenta que el sistema está  diseñado para que ganen quienes de más recursos dispongan en ese juego, como el dinero en efectivo disponible; los  vehículos de transporte con que  cuentan; personal subalterno de sus respectivas oficinas; planillas de embotellados; enseres hogareños; y   apoyos de todo tipo, provenientes de los dueños de cantinas, garitos y casa de lenocinio. Hay quienes, según dijeron sus oponentes, recibieron apoyos provenientes de actividades ilegales. 
Y no hay manera, ni importa quien  mande o gobierne el Partido. Seguimos sin ver la disposición de nadie  para ponerle coto a esta sinvergüencería. Y surgirán los esbirros, con las acostumbradas acusaciones de  que “ponen en peligro la unidad”, contra quienes no quieran darles su apoyo a ciertos filibusteros, que  participan en estas actividades solo para asegurarse un puesto que les facilite sus verdaderas actividades  lucrativas. 
Este sistema plutocrático y exclusivista, es lo que le ha permitido a tantos oportunistas  entrar  al Partido y  apoderarse de los puestos claves, con el concurso y la colaboración de compañeros que,  por su larga  militancia  y experiencia, han debido constituir  la primera barrera defensiva  contra estos  advenedizos. Y  estos nuevos inquilinos son los creadores de la teoría oportunista de hacer una  “oposición suave”, “dejar  que el loco gobierne” y otras del mismo cuño, que le han permitido a Martinelli  reponerse,  después de  las contundentes derrotas que ha recibido en sus  encuentros con el pueblo panameño.
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9 minEditado
Por considerarlo de interés general reproduzco el artículo firmado por Roberto González Oberto

Roy Cortizo, representante de la Asociación de propietarios de máquinas tragamonedas tipo C, en una lamentable exposición pública de supina ignorancia, hizo, en la mañana de hoy, en el programa de Álvaro Alvarado, una defensa del deleznable negocio que representa, y se refirió al oscuro inframundo de la <<chinguia>> con el respetable nombre de <<industria del juego>>. En vista de que, quizás por no saberlo, el presentador del programa no hizo la corrección del caso, para ayudar a ambos a vencer su marasmo intelectual, les reproduzco la sencilla definición que se hace en <<Wikipedia>>, del término en mención:
<<La industria es el conjunto de procesos y actividades que tienen como finalidad transformar las materias primas en productos elaborados o semielaborados>>.
Queda claro que el término industria sufre menoscabo cuando algunos desaprensivos y osados mequetrefes hacen uso de él, para referirse a la vil acción de aprovecharse de las debilidades humanas para lucrar, como se hace en esos <<garitos "legalizados">> por una <<patente de corso>>, expedida indebidamente, gracias a la interpretación amañada de un claro precepto constitucional que lo prohíbe, que hizo un ex presidente, tan patibulario y despreciable como ellos.
Para aclarar, cito textualmente el Artículo 297 de la Constitución Política de la República de Panamá, que dice así:
Artículo 297.
<<La explotación de juegos de suerte y azar y de actividades que
originen apuestas sólo podrán efectuarse por el Estado.
La ley reglamentará los juegos, así como toda actividad que origine apuestas cualquiera que sea el sistema de ellas>>.
Si el Constituyente hubiera tenido la intención de permitir la concesión administrativa de esta actividad lo hubiera consignado claramente, tal como lo hizo con los numerales 5 y 6 del Artículo 257, sobre los bienes que pertenecen al Estado, que expresan, sin dejar un vestigio de duda, que <<las riquezas del subsuelo podrán ser explotadas por empresas estatales o mixtas "o ser objeto de CONCESIONES o contratos" para su explotación según lo establezca la ley>>; y que con las <<salinas, las minas, las aguas subterráneas y termales, depósitos de hidrocarburos, las canteras y los yacimientos de toda clase>> sucede lo mismo, es decir, que <<no podrán ser objeto de apropiación privada, pero sí podrán ser objeto de "CONCESIÓN" u otros contratos para su explotación>>.
Nadie debe pensar que lo hecho mediante un Decreto Ley, en 1998 se debió a una interpretación hecha de buena fe, originada por una laguna subyacente en la Constitución de 1972. No es así. Fue un acto premeditado, consciente, de funcionarios que, por eso, hoy, tienen casos pendientes en los tribunales de justicia, acusados de haberse beneficiado con esta acción privatizadora.
Se hace difícil, aunque no imposible, creer que verdaderos paladines en el campo de la ciencias jurídicas, como lo fueron José dolores Moscote, Ricardo J. Alfaro y Eduardo Chiari, autores del Anteproyecto de la Constitución de 1946, hayan incluido el artículo 292 --que luego fue copiado en forma textual en la de 1972--, sin una razón de peso, como si lo hubieran extraído de la nada, sacado del aire.
Nada más alejado de la realidad. Los constitucionalistas citados, con criterio futurista, quisieron proteger a su nación, a su país, a su patria, que tanto amaron, de los zarpazos arteros de otros gobernantes inescrupulosos, que pudieran aprovechar la modalidad privada como fuente ilegítima para un rápido y fácil enriquecimiento personal. El precedente existía. El presidente Arnulfo Arias se había distinguido por la prodigalidad con que premiaba a algunos miembros de su entorno, con la concesión para explotar las máquinas tragamonedas.
Los historiadores Andrés C. Araúz y Patricia Pizzurno, en el artículo publicado en el Panamá América, <<Un año de transformaciones: Arnulfo Arias en la Presidencia>>, al respecto, nos dicen lo siguiente: <<Otras medidas adoptadas por el gobierno no fueron populares y despertaron oposición... entre ellas, la explotación de los juegos de azar, sobre todo las máquinas tragamonedas, negocio del que participaron MIEMBROS DEL GOBIERNO>>. Esto último fue posible, en virtud de la existencia del Artículo 154, en la Constitución de 1941 que dice así: <<Artículo 154. La Ley reglamentará los juegos así como toda actividad que origine apuestas, cualquiera que sea el sistema de éstas .
<<La explotación de juegos de suerte y azar sólo podrá efectuarse por el Estado o MEDIANTE CONCESIONES ADMINISTRATIVAS controladas y supervigiladas por el Poder Ejecutivo, siempre que se imponga a los concesionarios las restricciones necesarias para que no se lesionen los intereses y conveniencias de la Economía Nacional>>.
Esa fue la verdadera razón que motivó a los constituyentes de 1946 a introducir el actual Artículo 297, que fue arrojado a la cesta de los desperdicios, por el doctor Ernesto Pérez Balladares, con el nefasto Decreto Ley 23484, de 1998. Pero como bien dice la conseja: <<En el pecado llevará la penitencia>>. Y, hoy, ese mismo personaje se ve obligado a gastar parte de esa dudosas ganancias, e invertir parte de su valioso tiempo, subiendo y bajando las escaleras de los despachos judiciales, bregando afanosamente para librarse de la acción de la justicia que, <<no solo tarda, sino que muchas veces no llega>>.
Amén.
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lunes, 28 de septiembre de 2015

No hacen falta ángeles

En el PRD, no podemos seguir buscando el líder providencial, el salvador, que nos lleve al triunfo electoral. Antes, tenemos que mirar hacia adentro y reactivar la vida partidaria. Es decir, poner a funcionar todos los órganos del Partido y exigir que cumplan  sus objetivos.
En este momento, es prioritario exigir una revisión pública del funcionamiento general de los órganos de gobierno y consulta del Partido y  verificar si están cumpliendo con los que les ordena el Estatuto.  En  especial, la actuación del CEN del CDN y del Fiscal General y verificar lo que están haciendo para llamar al orden a la bancada legislativa, con  sus cuestionada alianza o “pacto de gobernabilidad”, que nos coloca en una posición indefinida ante los ojos del pueblo.
Frente el prematuro arranque de  la campaña, por algunos precandidatos, urgen modificaciones a este Estatuto, para erradicar dualidades que frenen el ejercicio de la democracia interna. Por ejemplo: Impedir que quien  funja, en cualquier tiempo anterior a las elecciones,  como  secretario general o presidente del Partido, pueda postularse  a candidato para presidente de la República en las elecciones venideras.
Está demostrado que, cuando estos casos se dan, el Partido entra en receso, el debate crítico queda anulado y priman los deseos o "caprichos" de este Candidato, sobre cualquier otra consideración política diferente. Esto quedó demostrado con claridad durante los mandatos de Pérez Balladares y Martín Torrijos, pero fue más evidente en la última campaña,  con Juan Carlos Navarro  y su “Ola Azul”,  que acaparó todo el poder y acalló todas las posibles disidencias. 
Además, corremos el riesgo de que ese Presidente que sigue siendo dirigente máximo del Partidor, se aparte del Programa Electoral que le ofrecimos al pueblo como oferta en las elecciones, y no haya un organismo partidario que lo, pueda llamar al orden y criticar su desviación,  públicamente, dando lugar al resentimiento del pueblo que creyó en esas promesas incumplidas y el rechazo a nuestro candidato en los comicios subsiguientes.

 Por último, en orden, no en importancia, tenemos pendiente, como algo ineludible, realizar un balance crítico de las dos últimas derrotas electorales: Analizar (si acaso los hubo) los planes y programas (estrategia) que se pusieron en ejecución  en esas elecciones;  verificar las posibles causas de esas dos debacles, revisando todas las acciones y actividades realizadas, para verificar lo que hicimos bien y lo  que hicimos mal,  comenzando por la evaluación de la idea general de la campaña, hasta llegar a las minuciosidades prácticas del día de los comicios. De esta forma, optimizando lo que hicimos bien y eliminando los vicios y errores que tanto daño nos hicieron,, despejadas, así, las dudas y las incertidumbres, podremos iniciar las tareas que nos permitirán establecer las nuevas tareas para lograr un triunfo rotundo en las ´próximas elecciones. Entre ellas escoger, ahora así, al candidato que sea más afín a estos conceptos democráticos de la vida partidaria.

viernes, 17 de agosto de 2012


         A UNOS REYES DE LA IDEACIÓN DEL PRD                   

    Hace  algunas semanas, una distinguida profesional de la psicología, se apartó de sus acostumbrados temas para incursionar en el polémico terreno de la literatura política, aludiendo a los problemas internos que sufren los partidos de oposición, en especial nuestro partido, lo que fue tomado como una irrupción abrupta y fuera de lugar, por los hasta entonces “magos de los conceptos y reyes de la ideación”, de los asuntos teórico-ideológicos del Partido Revolucionario Democrático.
    El asunto llegó a desatar una verdadera tremolina, en la que sólo faltó pedir el linchamiento de la autora de ese desaguisado, de la que se sospechaba “vivía en otro planeta”, y que parecía extraño que estos seres extra planetarios estuvieran más preocupados que nosotros, por las disputas públicas protagonizadas por algunos de nuestros dirigentes.
    No tomaban en cuenta los protestantes que la escritora sólo se estaba haciendo eco del clamor de una gran legión de militantes del Partido, que están  disconformes por la forma irracional como están ventilando sus diferencias algunos altos mandos del Partido. La aparición en los medios televisivos (casi a diario) de miembros del CEN, en actitud hostil, lanzándose acusaciones de todo tipo, con un lenguaje desabrido y vulgar; el alineamiento en bandos antagónicos de prestantes figuras del Partido; y las acusaciones de traición, por una parte, y de favoritismo en el proceso electoral,  por la otra,  que éstos se endilgan públicamente, han creado el clima propicio para que elementos <foráneos>, se sientan con el derecho de participar en la disputa.
   Es bueno recordar, como afirman algunos tratadistas expertos en esta  materia, que “los partidos políticos son asociaciones civiles al servicio de las necesidades de todos los ciudadanos”. Vistas las cosas desde esta perspectiva, no existe impedimento alguno para que un ciudadano común manifieste su punto de vista sobre una situación, a su juicio aberrante, existente en cualquiera de los partidos políticos del país.
Pero vayamos a la parte que nos interesa. Hace algún tiempo, el loco que tenemos por presidente anunció su interés de acabar con el PRD. Sus acciones, en este sentido, han sido abiertas, y claramente ilegales y arbitrarias. Son hechos evidentes y públicos la compra y venta descarada y el servilismo indisimulado hacia Martinelli, exhibido por algunos de nuestros diputados, representantes y alcaldes elegidos por votación popular. No obstante, viendo que esta táctica espuria no ha tenido la efectividad esperada, han puesto  en ejecución un plan para la ruptura del Partido desde adentro. 
    Hasta ahora, si recurrimos al historial de los protagonistas, no se puede precisar quiénes son los enemigos internos, los traidores, los verdaderos caballos de Troya;  pero  lo cierto es que estamos contemplando el desarrollo de una pelea despiadada, encarnizada, carente de principios morales; en la que se lucha por el poder, sin siquiera aludir a las bases ideológicas, ni programáticas del Partido. Y en esa confrontación vacua están arrastrando a las bases del Partido, que se alinean con uno u otro candidato.  Con una simplicidad sin límites, todos se llaman torrijistas;  aunque unos afirman ser más torrijistas que los otros, y eso les basta.
   La pregunta que queda en el ambiente es ¿cómo vamos a resolver este entuerto?,  viendo la magnitud de los bloques en conflicto, las acusaciones que se hacen y los recursos materiales de que disponen y que están dispuestos a utilizar para aniquilar a su enemigo, que, desgraciadamente, por las acciones y el contenido de los discursos, no pareciera el  ser "el Don", Ricardo Martinelli.
    Es fácil prever que con la campaña electoral interna, que apenas  empieza, esta inminente división del Partido se precipitará. Se nos hace difícil creer que de triunfar Juan C. Navarro, el sector que lo combate, que lo tilda de vendido a Martinelli, de "caballo de Troya", le va a brindar su apoyo sincero.  Al igual , solo un iluso puede suponer que, de darse un resultado adverso, el "poderoso" bloque de diputados, representantes y alcaldes que apoya a Navarro se va a plegar al ganador de esta absurda competencia.. Este es el gran dilema que debemos resolver, si queremos ganar las próximas elecciones.
    Por mi parte, yo les ruego a los compañeros históricos, que tienen una autoridad moral reconocida, ganada en la larga lucha por la democracia, la liquidación de la colonia y en las tareas de creación, formación y consolidación del Partido, que por diversos motivos se han separado de la vida partidaria, que retornen y hagan oír su respetada voz, que estoy seguro será acatada por las grandes mayorías, que claman para que la unidad no sea una palabra huérfana, sino una evidente realidad. Pues, no creo que de parte de los actuales actores  exista el suficiente espíritu de desprendimiento para que puedan surgir resultados positivos. A estos se les acabó la cuerda, y, lo que es peor, no tienen credibilidad. Deben dar un paso al costado y permitir que otros se encarguen de la reestructuración del Partido.

                "Cuando la culpa es de todos, la culpa no es de nadie"
  

martes, 24 de julio de 2012


De: "jcn@juancarlosnavarro.com" <jcn@juancarlosnavarro.com>
Para:
Enviado: lunes, 23 de julio de 2012 7:06
Asunto: No hablarás mal de otro prd


Respetuosos y fraternales saludos. Como ya es costumbre, recibì mas de 12 veces un correo y/o copias y/o opiniones previas y/o respuestas al original. Con todo respeto y aprecio, agradeceria que por favor me saquen de esta lista de envíos y no me remitan mas copia de estos correos con polemicas y/o peleas o diferencias personales q bloquean y afectan mi correo y que no son dirigidos directamente a mi persona. Les reitero con afecto que no importa cuantas calumnias escriban de mi persona o de otros copartidarios, ni éste servidor ni nadie de mi equipo de campaña va a contestar ni a entrar en estas diatribas destructivas; nosotros seguiremos respetando el 11eavo mandamiento: no hablaras mal de otro prd. Un gran abrazo a todos los copartidarios.


Enviado desde mi dispositivo BlackBerry® de +Móvil

From: Adolfo Reid <adolfo_reid@hotmail.com>
Date: Sun, 22 Jul 2012 05:36:33 +0000
T

Respuesta a una nota de un líder de mi Partido


Señor 
Juan Carlos Navarro: He leído con sorpresa su nota circular, por medio de la cual solicita que no le envíen más esos correos con polémicas, peleas o diferencias personales que bloquean y afectan su correo y que no van dirigidas directamente a su persona.

Aunque manifiesta su afecto por los copartidarios que participamos en esos intercambios de ideas, a veces ríspidos y en tono encendido,  los califica"como diatribas destructivas" y advierte que ni usted ni sus adláteres participarán en ellos.

En realidad, aunque es la primera vez que leo uno de sus aportes intelectuales directos, he quedado sorprendido por el tono despectivo que deja traslucir, cuando es usted, apenas, un futuro precandidato, cuyo destino dependerá del votos de los miembros del Partido, todos con el mismo derecho al respeto que usted reclama.

Creo que su decisión, de no querer recibir estas notas con juicios políticos, desentona con su calidad de aspirante a la presidencia,  que no debe perder la ocasión de escuchar la opinión de algunos sectores que, aunque le parecen minoritarios y fuera de orden, siguen siendo parte integral de ese Partido, que muchos de nosotros logramos forjar, el 11 de marzo, de 1979.

Un político como usted no puede darse el lujo de  cerrar las vías de comunicación con suscopartidarios, aunque estos no sean afines a sus pretensiones. Allá, en su privacidad, ahora violada, ha podido tomar medidas más prudentes, como nombrar un personal apto que contestara su correspondencia; o podía haber creado otras direcciones de correo, y -¿por qué no?- responder, algunas veces, respetuosamente, claro está,  esas palabras que usted, públicamente -raro en un político avezado- califica como "diatribas destructivas y calumniosas".

Usted no sabe y no tiene por qué saberlo -tal vez porque muy pocos lo saben o porque no tenía usted la edad para preocuparse por estas cosas o porque no estaba alineado con el proceso revolucionario- que el General Torrijos jamás dejó de dar respuesta a una nota o una carta que la gente humilde de las comunidades olvidadas le entregaban, en sus acostumbradas visitas. Usted puede suponer, con razón, que una persona tan ocupada como lo era él, no podía contestar la abundante -esa sí abundante- correspondencia recibida, algunas hechas en pedazos de papeles sucios,pedazos de cartuchos de papel o trozos de bordes de papel periódico

El General, un hombre inteligente, gentil y muy respetuoso de las personas, tenía varios equipos para esas labores. En la DIGEDECOM, uno formado por dos personas, dirigido por la laureada -hoy finada- profesora Gilma Noriega de Jurado y este servidor, teníamos la delicada misión de redactar las respuestas a algunas de esas humildes peticiones, las que, una vez revisadas y firmadas por el propio General, eran enviadas -siempre con respuestas positivas- a sus destinatarios.

Pero no le quito ni un minuto más de su precioso tiempo y tendré el cuidado especial de eliminar su nombre de cualquier mensaje que me plazca contestar. Aunque, no sé por qué, su petición se me parece a lo deseos de Martinelli de amordazar los mensajes de la Internet. Hasta luego.


DOS CORRIENTES OPORTUNISTAS EN EL PARTIDO

Desde hace algún tiempo, nuestro Partido se encuentra inmerso en un proceso electoral, cansino e interminable. Después de un prólogo irregular, en el que las diferentes tendencias internas han ido  alineando sus fuerzas, bajo la sombra de los respectivos gerifaltes, comenzaron las hostilidades por medio de los francotiradores que se mueven en los bloggs y saltan de facebook a twitter.

Así, en medio de acusaciones contra los directivos del Partido, por una inexistente parcialidad de los organismos electorales, llegamos a la elección de delegados. Contra todos los pronósticos de los voceros oficiosos del gobierno, la votación fue un rotundo éxito, tanto en su organización y orden, como en la cantidad de miembros del Partido que concurrió a las urnas, que superó las más optimistas predicciones.

Pero no todo es <color de rosas>. Si en el aspecto formal del proceso electoral todo lució pulcro e impecable, es del conocimiento público que las diferencias entre las dos más importantes facciones partidarias permanecen intocadas y, sin duda, se agudizarán a medida que nos vayamos acercando al próximo Congreso Nacional.

Estas no son afirmaciones caprichosas, vertidas para crear un clima pesimista, como podrían creer algunos copartidarios desprevenidos, inocentes espectadores de un drama más profundo. La lucha planteada entre el llamado grupo Tocoma y los que se alinean bajo la égida de  Juan Carlos Navarro tiene raíces más profundas. Los unos, representantes  incoloros de una corriente agotada   que se aferran al poder sólo para seguir pelechando los subsidios electorales. Y los otros, una facción de corte "martinellista",  mezcolanza  extraña de representantes, diputados y alcaldes, que se dicen voceros de las masas populares, que apoyan a un enigmático, caprichoso y obcecado  miembro del patriciado panameño, con la demagógica bandera de una fementida renovación de las
consignas torrijistas.

Para ambos sectores, el aparato del Partido es concebido como un mero centro de operaciones, con el que se facilita el logro de los verdaderos objetivos que los anima, todos en beneficio propio, y no de la ciudadanía. Usando palabras prestadas, "el aparato partidario se ha convertido en una suerte de instrumento perfecto para una política pérfida,  para ocultar información, controlar a las masas, proteger al político de la justicia y así mismo encubrir negociados. Se dice que el aparato partidista es para los políticos, lo que <la familia>, a los miembros de la mafia."

Convertido el Partido en órgano puramente electorero, nadie se acuerda de presentarle a las bases y al pueblo panameño, una propuesta electoral que contenga como programa mínimo de gobierno, el devolverle a la gente la paz y la tranquilidad, con medidas que frenen la especulación en los precios de los artículos de primera necesidad, con el suministro de agua potable para toda la población, con la instalación de un órgano judicial independiente y probo que garantice que todos los ladrones y atracadores de los fondos públicos serán llevados a los tribunales de justicia, con programas de salud igual para todos, y otras muchas medidas reclamadas por la gente.   

En medio de este desconcierto, a nosotros sólo nos queda alertar a nuestros copartidarios, gritando ¡Que viene el Lobo! Aunque parece que el lobo ya está adentro de nuestra casa..