En el PRD, no podemos
seguir buscando el líder providencial, el salvador, que nos lleve al triunfo
electoral. Antes, tenemos que mirar hacia adentro y reactivar la vida
partidaria. Es decir, poner a funcionar todos los órganos del Partido y exigir
que cumplan sus objetivos.
En este
momento, es prioritario exigir una revisión pública del funcionamiento general
de los órganos de gobierno y consulta del Partido y verificar si están cumpliendo con los que les
ordena el Estatuto. En especial, la actuación del CEN del CDN y del
Fiscal General y verificar lo que están haciendo para llamar al orden a la
bancada legislativa, con sus cuestionada
alianza o “pacto de gobernabilidad”, que nos coloca en una posición indefinida
ante los ojos del pueblo.
Frente el
prematuro arranque de la campaña, por
algunos precandidatos, urgen modificaciones a este Estatuto, para erradicar
dualidades que frenen el ejercicio de la democracia interna. Por ejemplo: Impedir
que quien funja, en cualquier tiempo
anterior a las elecciones, como secretario general o presidente del Partido, pueda
postularse a candidato para presidente
de la República en las elecciones venideras.
Está
demostrado que, cuando estos casos se dan, el Partido entra en receso, el
debate crítico queda anulado y priman los deseos o "caprichos" de
este Candidato, sobre cualquier otra consideración política diferente. Esto
quedó demostrado con claridad durante los mandatos de Pérez Balladares y Martín
Torrijos, pero fue más evidente en la última campaña, con Juan Carlos Navarro y su “Ola Azul”, que acaparó todo el poder y acalló todas las
posibles disidencias.
Además,
corremos el riesgo de que ese Presidente que sigue siendo dirigente máximo del
Partidor, se aparte del Programa Electoral que le ofrecimos al pueblo como oferta
en las elecciones, y no haya un organismo partidario que lo, pueda llamar al
orden y criticar su desviación,
públicamente, dando lugar al resentimiento del pueblo que creyó en esas
promesas incumplidas y el rechazo a nuestro candidato en los comicios subsiguientes.
Por último, en orden, no en importancia, tenemos
pendiente, como algo ineludible, realizar un balance crítico de las dos últimas
derrotas electorales: Analizar (si acaso los hubo) los planes y programas
(estrategia) que se pusieron en ejecución en esas elecciones; verificar las posibles causas de esas dos
debacles, revisando todas las acciones y actividades realizadas, para verificar
lo que hicimos bien y lo que hicimos mal,
comenzando por la evaluación de la idea
general de la campaña, hasta llegar a las minuciosidades prácticas del día de
los comicios. De esta forma, optimizando lo que hicimos bien y eliminando los
vicios y errores que tanto daño nos hicieron,, despejadas, así, las dudas y las
incertidumbres, podremos iniciar las tareas que nos permitirán establecer las
nuevas tareas para lograr un triunfo rotundo en las ´próximas elecciones. Entre
ellas escoger, ahora así, al candidato que sea más afín a estos conceptos
democráticos de la vida partidaria.